La industria vive un momento de gran convulsión e incertidumbre. La crisis provocada por la pandemia ha revolucionado el concepto tradicional de ‘industria’, con grandes problemas en la cadena de suministro, falta de materias primas, parones en la producción, etc. Los players del sector están teniendo que reinventarse para sobrevivir, así como que encontrar nuevas fórmulas para optimizar procesos o asentarse en la Industria 4.0.
Precisamente, el paradigma industrial moderno y digitalizado ha puesto de manifiesto la importancia de la extracción, análisis y uso de datos para tomar mejores decisiones. El big data ha hecho que las organizaciones tengan al alcance de su mano insights de todo tipo: prototipo de consumidores, productividad de los equipos – tanto humanos como de la propia maquinaria –, impacto medioambiental de su actividad económica, estado de los almacenes, cómo se está gestionando el inventario… Pero para poder extraer todo su valor, hay que empezar por entender y utilizar los cimientos: la información geográfica.
El 80% de los datos que tenemos a nuestro alrededor está geolocalizado. Sin embargo, pocas compañías industriales están aprovechando el análisis geoespacial porque no saben cómo hacerlo, no tienen las herramientas adecuadas o, simplemente, no son conscientes de su importancia.
Pongamos un ejemplo. Si una compañía de tamaño medio busca abrir una nueva fábrica, tiene varias opciones sobre la mesa: abrirla en función de dónde se encuentre su competencia, intentar que esté cerca de su almacén principal, buscar simplemente el espacio más asequible para asentarse o tener en cuenta su cadena de suministro y los puntos de venta que van a vender sus productos. La realidad es que ninguna de estas opciones es correcta, o al menos no por sí sola.
A través de la aproximación geográfica y de los sistemas de información geográfica (GIS), una compañía industrial puede saber cuál es su target y dónde se ubica gracias al uso de fuentes de datos externas, como son los censos de las AAPP o el Living Atlas of the World, el mayor repositorio de datos geoespaciales del mundo. Una vez se realiza este paso, los fabricantes pueden analizar los puntos de venta potenciales que les interesan – en función de ese público objetivo – y llegar a acuerdos con retailers, tanto de tipo comercial como de marketing, un punto especialmente crítico dado que la logística de desplazamiento de los equipos y productos tiene costes muy elevados.
Para un reparto optimizado de las áreas entre comerciales y la elección de la mejor posición geográfica para almacenes y fábricas, el análisis geoespacial también ofrece herramientas como location-allocation, cálculo de rutas o apps para recoger la información de la visita comercial.
Con toda esto, así como con otros datos que extrae la tecnología geoespacial (por ejemplo, espacios disponibles en un territorio para construir), las compañías pueden seleccionar el mejor lugar para construir esa nueva fábrica en función de una toma de decisiones fundamentada, optimizando procesos de producción y distribución con ello.
Este es solo un ejemplo de todo lo que la tecnología geoespacial puede hacer para la industria. Para que el paradigma de la Industria 4.0 – y de la Industria 5.0 que está cimentándose – se cumpla, los datos geográficos son fundamentales. En este sentido, los sistemas de información geográfica han de servir para unir personas, tecnología y datos para tomar mejores decisiones.
De esta manera, a corto y largo plazo el sector puede empezar a dar respuestas a preguntas críticas para su desarrollo y crecimiento. ¿Cuál es la situación actual de mi inventario? ¿Qué ruta debo elegir para que mi mercancía llegue a su destino de la forma más óptima? ¿Dónde debería abrir un nuevo centro logístico?
Con la tecnología y los datos geográficos, el ‘dónde’ queda totalmente al descubierto, otorgando insights de valor incalculable. Apoyarse en ellos y en plataformas geográficas ha dejado de ser opcional.
Fernando Ruiz,
Account Manager Business
en Esri España
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